El gateo


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El gateo

Los bebés comienzan a gatear en torno a los ocho meses de edad, pero lo habitual es verlos gatear a partir de los diez, así que no debemos preocuparnos si empieza un poco más tarde que otros niños.

Aunque la mayoría de los niños gatea, hay niños que no lo hacen nunca, de forma que directamente se ponen a andar.

En principio no hay que preocuparse si el bebé no gatea. Las revisiones con el pediatra determinarán si existe algún motivo de preocupación en el hecho de que el niño no gatee, pues es la persona que debe siempre evaluar el correcto desarrollo de nuestros hijos.

Por lo tanto, si bien el gateo es una etapa habitual del desarrollo de la mayoría de los lactantes, el hecho de que no se presente no debe considerarse como una anomalía, siempre que el desarrollo psicomotor del niño sea acorde con su edad. Esto deberá ser evaluado por un pediatra, que valorará si el tono muscular y capacidades del niño son las adecuadas para su edad, independientemente de si gatea o no.

Beneficios del gateo

  • Aumenta su independencia: al aumentar la independencia del niño (aunque sea de forma relativa, pues a los padres les toca ir detrás de forma permanente), se incrementa también el rango de estímulos y localizaciones que puede visitar, lo que le hace interactuar mucho más con el entorno. El niño ya puede desplazarse hacia objetos o entornos que le resulten estimulantes, en lugar de limitarse a pedirlos estirando los brazos.

  • Estimula la coordinación general y el equilibrio: aunque también es cierto que estos aspectos son de por sí necesarios en una cierta medida para que se produzca el gateo.

  • Es bueno para la visión: el gateo podría proteger en cierta medida de la ambliopía (ojo vago), que se produce por una descoordinación de la convergencia ocular; es decir, los ojos no mirarían el mismo punto, de forma que uno de ellos se va anulando por el cerebro, para no ver doble. Así, el gateo protegería de este cuadro al estimular la convergencia ocular y el enfoque de objetos cercanos.

  • Refuerza su musculatura: el gateo parece ser que favorece una correcta formación de las caderas que ayuda al niño a sostenerse mejor cuando se ponga de pie.

  • Es fuente de felicidad: la etapa de gateo es una de las más llamativas y divertidas para el entorno familiar: el niño es feliz desplazándose, eligiendo dónde va y acercándose a aquello que le atrae. Los padres deben disfrutar enormemente de estos momentos, jugando con el niño y siendo cómplices de su autonomía, dándoles libertad, pero vigilándoles muy de cerca, y preparando el entorno para que el niño pueda desplazarse sin riesgos (quitando cables, tapando enchufes o retirando lámparas de pie, por ejemplo).

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